Cómo regenerar la microbiota intestinal

 A todos nos viene bien un Plan de Regeneración Vital, que siempre empezará por equilibrar la microbiota intestinal y limpiar de toxicidades las paredes del intestino (epitelio).

Pero más urgente aún es esta tarea si usted padece lo que en medicina se llama “colon irritable”, que es un saco de sastre en el que cabe de todo: estreñimiento, colitis o diarrea, ardores y gases intestinales, dolores abdominales, hinchazón crónica del vientre, permeabilidad intestinal…Y mucho más urgente si la enfermedad intestinal está más acentuada: enfermedad de Chron, cáncer de colon…

Volvemos a recordar una vez más que es la salud del intestino la que determina la salud del resto del cuerpo. Pero recuperar el equilibrio de la microbiota intestinal y limpiar de mucosidades tóxicas el epitelio no se improvisa de un día para otro. Se requiere toda una estrategia conjunta para abordar con éxito la limpieza y regeneración intestinal. A fin de cuentas, ¿cuánto tiempo hemos tardado en deteriorar nuestro intestino y su microbiota? Toda una vida. Pues al menos concedámonos unos meses e incluso un año para recuperar el equilibrio del intestino, dependiendo de la gravedad de la situación.

Aunque lo ideal es hacer el cambio de dieta para toda la vida.

Podríamos plantear para empezar una depuración intestinal (limpieza de tóxicos y parásitos nocivos) seguida de unas medidas para regenerar tanto el epitelio como de la microbiota intestinal.

Para la depuración nos interesa abordar una serie de medias: el microayuno, la limpieza con carbón activado, la receta ayurveda del aloe vera con limón, los baños de agua caliente con sal, los enemas con café verde… Y sobre todo dejar de ensuciar el intestino y deteriorar la microbiota con comidas tóxicas de las que ya hemos hablado y hablaremos.

Posteriormente a la limpieza o en paralelo, para la regeneración del epitelio y la microbiota intestinal, deberíamos de plantear una estrategia progresiva.

En primer lugar deberemos de implementar la ingesta de bacterias probióticas, especialmente las del género Lactobacilus y Bifidobacterium, que se encuentran muy abundantemente en todos los alimentos fermentados tradicionales, que ya hemos visto (verduras fermentadas, yogurt o kéfir, kombucha, tepache, kvass…). Y si no tenemos facilidad para incorporar estos alimentos tradicionales, porque no son fáciles de comprar o no los sabemos hacer, podemos ir directamente a los suplementos probióticos de farmacia o herbolario. Aunque en este caso lo ideal es comprar suplementos líquidos vivos concentrados mejor que los liofilizados en cápsulas o sobres.

Pero hemos de acompañar la ingesta de estos probióticos con el sustrato que garantiza su alimento en el tránsito intestinal, para asegurarnos que se establecerán el mayor tiempo posible y se multiplicarán allí donde se asienten, generando sus múltiples efectos positivos. Y ya sabemos que la comida preferida de los probióticos son las fibras prebióticas de las verduras, cereales, legumbres y frutas. Pero también se pueden ingerir directamente los FOS (Fructo-Oligosacáridos), colágeno, aminoácidos, lactoferrina y las vitaminas (especialmente del grupo B) y minerales (magnesio, manganeso, silicio, selenio, zinc…).

No conviene olvidar que también las paredes mucosas del intestino (epitelio) han sufrido una agresión permanente durante años. Ahora que las estamos limpiando, también las hemos de cuidar y regenerar. Por eso es importante sembrar de nuevo las bacterias beneficiosas que lo cuidarán. Pero también podemos mejorar ese trabajo reparador añadiendo complementos como la glutamina, fosfolípidos, colágeno, vitaminas del grupo B, C, E y carotenoides.

Por último hemos de recordar que en el intestino se encuentra la base del sistema inmunitario, y aunque con estas medidas descritas, es evidente que se verá reforzado, también podemos aportar algunos micronutrientes que le ayudarán a fortalecerse con más rapidez: algunos oligoelementos (cobre, selenio, zinc), las vitaminas (A, B6, B9, B12 y C en forma de Ascorbato Cálcico), coenzima Q10 y aminoácidos azufrados.

 

Luis Antonio Lázaro

Extraído del libro Nutrición Simbiótica, Ediciones i

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